Lucía Matamoros Pava, conocida como Lu, es una joven barcelonesa de 27 años que fue diagnosticada con TDAH a los 21. A través de su experiencia, defiende la idea de que el entorno determina la percepción de la discapacidad. Actualmente, Lu trabaja como project manager en Barça Visión, donde ha encontrado un espacio que le permite desarrollar su potencial.
La discapacidad en función del entorno
Lu utiliza la metáfora de un pez para ilustrar su perspectiva sobre la discapacidad. «Un pez es considerado discapacitado si se encuentra en el desierto, pero no cuando está en el agua», afirma. Esta visión le ha permitido entender su propia situación y reconocer que las limitaciones muchas veces provienen del contexto en el que se encuentra la persona.
Su trayectoria profesional comenzó con un trabajo donde, a pesar de que todo parecía adecuado, no logró adaptarse. En ese momento, aún no tenía su diagnóstico de TDAH ni de autismo, el cual espera recibir pronto. «La Seguridad Social tiene sus tiempos…», comenta al respecto.
Un camino hacia la autocomprensión
El diagnóstico de TDAH llegó durante la pandemia, momento en el que Lu comenzó a explorar su condición. «Comencé a ver vídeos sobre el TDAH y conecté con lo que escuchaba», explica. Reconoció patrones en su comportamiento que antes no comprendía, como su dificultad para finalizar proyectos o su tendencia a llegar tarde a los compromisos.
Para manejar su vida diaria, ha implementado estrategias como dejar las llaves en un lugar fijo y delegar ciertas tareas a su pareja, lo que le ayuda a mantener su rutina. A lo largo de su vida escolar, experimentó contrastes significativos entre entornos que valoraban su diferencia y otros que no. «En el primer colegio me apoyaban, pero en otros no», recuerda.
Fortalezas en la neurodiversidad
Lu también considera que su TDAH le otorga habilidades especiales, como la capacidad de generar ideas y encontrar soluciones creativas. «La neurodiversidad es una manera diferente de percibir y actuar en el mundo», sostiene. A lo largo de su vida, ha trabajado en aceptar su identidad y ha aprendido a no juzgarse de manera negativa por sus diferencias.
Recuerda momentos difíciles en sus trabajos anteriores, donde las evaluaciones negativas parecían reflejar los síntomas del TDAH. «Sabía que tenía mucho que ofrecer, pero no sabía cómo», reflexiona. La llegada del diagnóstico y la medicación marcaron un cambio significativo en su vida. «Fue mágico; sentí que mi cerebro funcionaba correctamente», dice.
Compromiso con la ciencia y el espacio
A pesar de los desafíos, Lu se ha involucrado en múltiples proyectos. Recientemente, fue seleccionada para participar en Hypatia III, un programa que simula misiones en Marte. «Seremos un grupo de siete mujeres astronautas análogas que estudiaremos el aislamiento y el estrés en condiciones similares a las del espacio», explica. Este proyecto se suma a una beca que recibió en Estados Unidos para estudiar astrofísica.
Lu está decidida a seguir explorando sus pasiones y no siente la necesidad de elegir entre ellas. «Siempre he tenido inquietudes y me gusta experimentar», concluye. Su historia muestra cómo la comprensión de uno mismo y un entorno adecuado pueden transformar la experiencia de la discapacidad en una oportunidad de crecimiento.
Según informó un medio local, Lucía Matamoros Pava continúa trabajando para impulsar la visibilidad de la neurodiversidad y la importancia de un entorno inclusivo en el ámbito laboral.



