La historia de Rosi y su vínculo con la familia de Semon en sus últimos días

Un médico pronosticó que Rosi, una dependienta con una larga trayectoria, contaba con pocos meses de vida. A la semana siguiente, su abuela decidió llevarla de vacaciones al hotel Big Rock, ubicado en Playa de Aro, que en su momento era uno de los mejores alojamientos de la Costa Brava, conocido por la destacada cocina de Carles Camós.
Rosi era la esposa de un renombrado cocinero que trabajó en el restaurante Semon. La abuela del narrador siempre mencionaba que sus empleados, especialmente los más veteranos, eran como parte de su familia, y esta afirmación no era exagerada. La familia se instaló en el hotel con la misión de cuidar y consentir a Rosi, mientras su esposo se unía a ellos para cenar tras su jornada laboral.
El narrador y su hermana no encontraron difícil atender a Rosi, ya que también la apreciaban. Durante los tiempos prósperos de la abuela, los fines de semana solían invitar a alguno de sus empleados junto a sus familias. No se les consideraba simplemente empleados, sino que se les trataba con una atención especial. La abuela inculcó a sus nietos la responsabilidad de utilizar sus privilegios para apoyar a quienes hacían posible su negocio y de expresar gratitud hacia ellos.
La decisión de la abuela de llevar a Rosi al Big Rock fue inmediata y la familia no se sorprendió de que una trabajadora en su etapa final quisiera compartir sus últimos momentos junto a ellos. La abuela, conocida por involucrarse en la vida de sus empleados, no dudó en ofrecer apoyo. Aunque en ocasiones su carácter podía ser duro y directo, su preocupación por bien estar de Rosi era evidente. Era conocida por reprender a quienes sabía que habían sido infieles y se mantenía informada sobre el rendimiento académico de los hijos de sus empleados, a quienes también les ofreció la oportunidad de asistir al mismo colegio que sus nietos.
El compromiso de la abuela con su negocio y la dignidad de sus trabajadores era indiscutible. A pesar de la fragilidad de Rosi, ella disfrutó de aquellos días en el hotel. El chef Camós se mostró atento a sus necesidades y preparó comidas más suaves para que pudiera comer sin problemas debido a su tratamiento. Todo el personal del Big Rock conocía a la abuela y se volcó en cuidar de Rosi, lo que hizo que, en ocasiones, olvidaran el motivo de su estancia, aunque la enfermedad avanzaba rápidamente.
Rosi no llegó a septiembre y, tras su fallecimiento, la abuela decidió cerrar el negocio durante tres días. El viudo de Rosi le sugirió que el mejor homenaje que podía hacerle a su esposa era abrir cada día, trabajar con dedicación y aumentar sus ganancias.
A lo largo de los años, la abuela nunca olvidó a Rosi. En su vejez, cuando ya no podía distinguir entre el día y la noche y sus recuerdos eran confusos, todavía narraba anécdotas de su antigua dependienta con gran claridad.
Rosi fue la primera en partir, pero el Big Rock también cerró posteriormente. La muerte de Carles Camós y de la abuela marcó el final de una era. A pesar de que los nuevos tiempos traen consigo algunas mejoras, el narrador observa que la calidad humana ha disminuido. Aunque los trabajadores actuales cuentan con más derechos, los empresarios sienten menos compromiso hacia ellos. Muchos argumentan que las condiciones laborales han mejorado significativamente, pero el narrador sostiene que se ha perdido una conexión valiosa. En el pasado, no era necesario preguntar por el bienestar de los empleados, ya que compartían la cena en casa y se les trataba con una atención que reflejaba el agradecimiento sincero por su labor.