La realidad en la frontera de El Tarajal
Juan, un ex guardia civil que ha trabajado durante dos décadas en la frontera de El Tarajal, comparte su experiencia tras la avalancha de migrantes ocurrida los días 30 y 31 de julio. En una conversación telefónica, el agente describe la complicada dualidad de su labor: mientras se le asigna la tarea de impedir el cruce ilegal, su prioridad se convierte en cuidar a aquellos que logran entrar. “Cuando han cruzado, lo más importante es protegerles. Les proporcionamos agua, ropa seca y mantas, y llamamos a Cruz Roja para que les atiendan, ya que muchos llegan con hipotermia”, afirma.
Una frontera marcada por la frustración
Juan señala que, a pesar de sus esfuerzos, se siente impotente ante la situación. “La frustración proviene de la percepción de que nuestro trabajo no tiene impacto. Algunos logran entrar y quedarse, otros son devueltos y vuelven a intentarlo, pero nada cambia. La solución a esta crisis migratoria debe ser política”, comenta.
Reflexiones sobre la avalancha migratoria
El ex guardia civil, que ha visto cómo la frontera ha cambiado con el tiempo, recuerda la avalancha de julio como un evento que muchos migrantes vivieron con alegría. “Para ellos fue como una fiesta, mientras que para nosotros fue un desafío. En ocasiones, los migrantes se vuelven agresivos, pero estos días fueron diferentes”, explica. Sin embargo, también remarca la tragedia del evento, que resultó en la muerte de 83 personas, según informes del Instituto Armado. “La mayoría no sabía nadar, y en situaciones de pánico, se aferran a otros en el agua”, añade.
Cambios en el tráfico fronterizo
Durante años, el tráfico en El Tarajal era intenso, con cerca de 20,000 personas y 8,000 vehículos cruzando diariamente. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 alteró esta dinámica. “La frontera se cerró y, al reabrir, se implementaron controles más estrictos”, explica Juan. Recuerda que, antes de la avalancha, se habían observado aumentos en los intentos de cruce, lo que había generado preocupación entre los agentes.
Demandas de mejora en los recursos
Juan también critica la falta de recursos y personal en la frontera. “Faltan mejores medios materiales y un protocolo serio de contención. Todo se reduce a la voluntad política de abordar el problema”, sostiene. Cuando se le pregunta si Marruecos tiene el control real de la frontera, responde con desdén: “¿No está claro después de lo que ha sucedido?”.
Identificación de los migrantes fallecidos
El ex guardia civil destaca una problemática importante: la falta de identificación de los migrantes que mueren en el intento de cruzar. Años atrás, se solicitó la posibilidad de cotejar el ADN de los ahogados con el de sus familiares, pero hasta ahora no ha habido avances. “Las víctimas son enterradas con un número, y hay ONG que buscan a sus familiares, pero no se ha logrado un acuerdo entre los ministerios de Exteriores de España y Marruecos”, explica.
Una perspectiva sobre la migración
Juan, quien también comparte su propia experiencia familiar con la emigración, enfatiza que buscar una vida mejor es un derecho. Sin embargo, sostiene que la migración debe canalizarse de manera legal. “Mi madre emigró a Alemania en los años 50, y mi hijo también ha emigrado. Existen formas organizadas de migrar, como el trabajo temporal en la recolección de fresas en Huelva”, concluye.
Según informó EL MUNDO, Juan se siente frustrado por la falta de impacto de su trabajo, pero trata de apartar esos sentimientos mientras continúa con su labor diaria en la frontera.



