Contexto histórico de la protesta
En el contexto de una creciente crisis económica en España tras la Primera Guerra Mundial, la situación del coste de la vida se volvió insostenible. Según informes de la época, los precios de artículos básicos como el arroz, las patatas y el aceite habían aumentado en un 30% en pocos años, lo que provocó descontento social. Las colas para adquirir alimentos se volvían habituales y las huelgas estallaban en varias regiones del país, mientras la población lidiaba con la escasez de productos esenciales.
Nacimiento de la Liga de la Alpargata
Ante el encarecimiento del calzado, surgió en Almería una inusual forma de protesta que rápidamente se extendió por toda España. Los manifestantes, autodenominados ‘alpargatistas’, comenzaron a abogar por el uso de la alpargata como símbolo de resistencia y rechazo a la especulación de comerciantes y proveedores. Con el lema «¡abajo la suela y viva el cáñamo!», la Liga de la Alpargata logró captar la atención de la clase media, la más afectada por la situación económica.
El apoyo del rey y la repercusión cultural
La manifestación tuvo un impacto notable, incluso alcanzando a la esfera cultural, donde actores y cómicos se unieron a la causa vistiendo alpargatas en sus actuaciones. En un acto simbólico, el rey Alfonso XIII fue fotografiado aplaudiendo a los manifestantes desde el balcón del Palacio Real, lo que evidenció la importancia del movimiento. El crítico de ABC, Luis Gabaldón, observó cómo esta revuelta representaba un cambio significativo en la sociedad, afirmando que «más bajo que la alpargata no hay nada».
Críticas y limitaciones de la Liga
Sin embargo, la iniciativa no fue universalmente apoyada. Pedro Mata consideró que la medida era una respuesta lógica de la burguesía para combatir la avaricia, aunque advirtió que los precios de las alpargatas también podrían aumentar rápidamente. Por su parte, José María Salaverría expresó escepticismo sobre la eficacia de la Liga, aunque celebró el hecho de que España estuviera sintonizando con movimientos globales, a pesar de ser una manifestación considerada «una tontería».
El ocaso de la revolución alpargatista
A pesar de la atención que recibió, la popularidad de la alpargata fue efímera. Con la llegada de la lluvia y el frío, este calzado no pudo competir con zapatos y botas más resistentes. Fernando Fernán Gómez recordó que el boicot a los zapatos se desvaneció antes de lo esperado, en parte porque el público en los estrenos teatrales prefería el sonido del cuero al de las alpargatas, lo que subrayó la conexión de la sociedad con el teatro de la época. Este episodio, aunque trivial a primera vista, evidenció la relación entre la cultura y el contexto socioeconómico de aquellos años.
Según informó ABC, la revuelta de las alpargatas se convirtió en un fenómeno social que trascendió la mera moda, reflejando las tensiones económicas y las aspiraciones de una sociedad en transformación.



