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Las otras víctimas de la crisis migratoria en Ceuta: Un centenar de feriantes «secuestrados» en una feria fantasma

Retención de feriantes en Ceuta

Desde el pasado jueves, aproximadamente 80 familias de feriantes han quedado retenidas en Ceuta, tras la suspensión de las fiestas locales en honor a la Virgen de África. Esta situación ha generado problemas de abastecimiento y pérdidas económicas que ascienden a 40.000 euros, ya que los feriantes no han podido operar sus atracciones.

Impacto de la crisis migratoria

El recinto ferial de la ciudad autónoma se presenta desolado este sábado, en lo que debían ser días de celebración. En lugar de la animación habitual, el área está dominada por el ruido de grúas y operarios que desmontan estructuras que no han sido utilizadas. La crisis migratoria que ha desbordado Ceuta, con más de 60.000 personas cruzando la frontera en los últimos días, no solo ha llevado al confinamiento de la población, sino que ha resultado en la cancelación de las festividades, dejando a los feriantes sin trabajo y atrapados.

Perjuicios económicos y sentimientos de inseguridad

Francisco Martínez, un feriante con 25 años de experiencia en las fiestas de Ceuta, había preparado su atracción, esperando generar ingresos. Sin embargo, los gastos previos, incluyendo transporte y tasas, suman alrededor de 6.000 euros, una cantidad que ahora teme no recuperar. Christopher, otro feriante, ha invertido cerca de 45.000 euros en el traslado y montaje de seis atracciones, mientras que David ha gastado 10.000 euros en su instalación.

A pesar de las pérdidas económicas, los feriantes expresan que el mayor problema es su incapacidad para regresar a la Península. «Estamos secuestrados, literalmente», afirma Francisco, quien destaca la falta de información sobre su situación. Aunque se les comunicó la cancelación de las festividades, no se les permite salir de la ciudad, lo que complica aún más su estado.

Inseguridad y condiciones precarias

La situación ha llevado a los feriantes a vivir con temor, especialmente por la presencia de jóvenes que han cruzado la frontera y merodean el recinto ferial. Para evitar que alguno se esconda en sus camiones, los feriantes han tenido que adoptar medidas de seguridad, ralentizando el desmontaje de sus atracciones. «No sería la primera vez», comenta Francisco, recordando incidentes previos.

La falta de suministros se ha agravado por el cierre de comercios y la imposibilidad de acceder a alimentos y agua. En un gesto de solidaridad, los feriantes han compartido recursos limitados, como macarrones y botellas de agua, para sobrellevar la situación. David, otro de los afectados, señala que jamás había vivido una crisis de esta magnitud.

Esperanzas de retorno inciertas

Los feriantes han intentado contactar con sus familias en la Península para organizar su regreso. Sin embargo, hasta el sábado no recibieron noticias sobre una posible fecha de salida. A mediodía, la asociación de feriantes les comunicó que los barcos comenzarían a operar el domingo, aunque el retorno será lento y en condiciones especiales. La mayoría de los feriantes afirma que, de regresar el próximo año, lo harán con más precauciones y garantías ante la posibilidad de que una situación similar se repita.

Según informó un medio local, la incertidumbre y el miedo son los sentimientos predominantes en el recinto ferial, que en condiciones normales sería un lugar de alegría y diversión.

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