Orígenes de un entretenimiento popular
El concepto de pasatiempo en periódicos y revistas es común en la actualidad, pero su historia se remonta a menos de un siglo atrás, gracias a la invención de los jeroglíficos por dos españoles. Esta modalidad de juego, que consiste en resolver enigmas a partir de imágenes y letras, comenzó a ganar popularidad en España durante el siglo XX.
Pioneros en la creación de jeroglíficos
El primer gran innovador en este ámbito fue Ángel Novejarque Iranzo, quien sentó las bases de los pasatiempos modernos. Nacido en Valencia el 22 de agosto de 1876, Novejarque fue un polifacético autor que destacó en la creación de jeroglíficos, anagramas, acrósticos y otros retos lógicos. Su contribución se hizo evidente en revistas como Blanco y Negro y Alegría, donde su intelecto brilló en cada publicación.
A pesar de que su carrera fue breve, ya que falleció en 1922, Novejarque dejó un legado significativo al ser el creador de los primeros pasatiempos que llegaron a las páginas de la prensa nacional. También fundó Mesa Revuelta, un semanario dedicado a la criptografía, aunque su difusión fue limitada, con solo 13 números publicados.
La popularización del jeroglífico
El impulso a este tipo de entretenimiento llegó de la mano de Pedro Ocón de Oro, nacido en Madrid en 1931. Ocón comenzó su trayectoria en este campo a los 17 años, participando en un concurso de crucigramas. A lo largo de su carrera, se estima que publicó más de 600.000 pasatiempos en múltiples medios de comunicación, creando cerca de 125 tipos diferentes de juegos de ingenio para diarios y revistas en España y América Latina.
A menudo, Ocón es reconocido como el inventor de los jeroglíficos, aunque él mismo atribuye su inspiración a Novejarque, a quien nunca conoció en vida pero sí admiró a través de sus obras. Su mayor logro fue simplificar el formato de los jeroglíficos, transformándolos en un desafío más accesible, basado en la formulación de hipótesis con sílabas y letras.
Impacto en la prensa y la cultura del pasatiempo
El legado de Ocón de Oro no solo se refleja en la cantidad de pasatiempos que creó, sino también en su influencia en la forma en que los lectores consumían la prensa. Las páginas donde aparecían sus jeroglíficos se convirtieron en las más recortadas de los diarios, evidenciando un cambio en la relación del público con los periódicos. Muchos lectores guardaban estos pasatiempos para resolverlos con calma, prolongando así la vida útil de los ejemplares.
El éxito de sus jeroglíficos fue tal que en 1972 Ocón decidió innovar aún más, lanzando una colección de jeroglíficos en cajas de cerillas, un formato que reflejaba su capacidad para adaptarse a las nuevas demandas del público.
Según informó [medio], la historia de Novejarque y Ocón de Oro pone de relieve la importancia de estos dos españoles en la creación de un pasatiempo que ha entretenido a generaciones enteras.



