Vladímir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, continúa siendo una figura omnipresente en la vida pública de Rusia. Su cuerpo momificado descansa en un mausoleo en la Plaza Roja de Moscú, y su legado se refleja en varias estaciones de metro con su nombre, así como en mosaicos y bustos que celebran su figura. A pesar de su fallecimiento en 1924, la huella de Lenin ha perdurado, y su influencia fue tal que San Petersburgo fue conocida como Leningrado durante casi setenta años.
El cambio de nombre y sus implicaciones
El 6 de septiembre de 1991, se decidió restaurar el nombre original de San Petersburgo a través de un referéndum, una iniciativa respaldada por las autoridades locales. Este cambio simbolizó el debilitamiento del comunismo, en un contexto donde la figura de Anatoli Sobchak, mentor político de Vladímir Putin, jugó un papel clave. En contraste, la región que rodea la ciudad sigue siendo conocida como Leningrado, reflejando la resistencia al cambio en esa área.
Con el colapso de la Unión Soviética en diciembre de ese año, Rusia comenzó una compleja transición hacia el capitalismo, enfrentando un trauma colectivo, especialmente entre aquellos que no vivieron la Segunda Guerra Mundial. Durante los primeros años de la Federación Rusa, se intentó distanciar del pasado comunista, cambiando símbolos nacionales como el himno y la bandera. Sin embargo, esta búsqueda de una nueva identidad no fue uniforme entre las repúblicas que emergieron tras la caída de la URSS.
Regresión y resurgimiento del pasado comunista
Con la consolidación del poder de Putin, se ha observado un retroceso en las libertades civiles y un giro hacia la exaltación del pasado soviético. El presidente ha manifestado que «Aquel que no lamenta el fin de la URSS no tiene corazón, el que quiere que vuelva no tiene cerebro», subrayando su postura sobre la historia reciente de Rusia. A pesar de la falta de garantías sociales que ofrecía el comunismo, el gobierno actual ha rescatado la glorificación de la era soviética.
La organización Memorial, defensora de las víctimas del régimen estalinista, fue prohibida en 2021, reflejando un aumento en la censura y control estatal sobre la memoria histórica. En el siglo XXI, la celebración del Día de la Victoria se ha convertido en una efeméride central, simbolizando la lucha de Rusia contra el fascismo, y ha sido utilizada para justificar las acciones militares en Ucrania.
El resurgimiento de Stalin y su popularidad actual
Volgogrado, anteriormente conocida como Stalingrado, realiza cada año la recuperación simbólica de su antiguo nombre. La figura de Iósif Dzhugashvili, conocido como Stalin, ha experimentado un resurgimiento en popularidad. Según el Centro Levada, un organismo de investigación, entre el 60% y el 70% de la población considera su papel en la historia de manera positiva. Este fenómeno, según los analistas, está vinculado a la actual retórica promovida por Putin, quien ha buscado rehabilitar el legado de Stalin para fortalecer su gobierno y justificar políticas exteriores revisionistas.
Putin, que ya se ha consolidado como uno de los líderes más longevos de la historia de Rusia, tiene la posibilidad legal de permanecer en el poder hasta 2036, superando así a Stalin, quien ocupó el cargo durante 29 años. Este contexto plantea interrogantes sobre el futuro del país y la persistencia de su pasado soviético en la política y la sociedad rusas.
Según informó [medio], el legado soviético sigue cobrando fuerza en la narrativa nacional, influyendo en la percepción pública y en la política contemporánea de Rusia.



