La actividad sísmica en América Latina ha puesto en evidencia la fragilidad geológica de la región. El 24 de junio, dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron la costa norte de Venezuela, dejando un saldo de más de 6.300 víctimas fatales. Posteriormente, el 10 de agosto, un sismo de 7.4 se registró en Colombia, con más de 250 muertos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que los costos de reconstrucción en Venezuela ascenderán a 37.000 millones de dólares, lo que representa cerca del 6% del producto interno bruto del país.
Contextos tectónicos diferentes
La ingeniera geóloga Luiraima Salazar, quien reside en Berlín, analiza los sismos desde una perspectiva científica y emocional, ya que tiene familiares en las zonas afectadas. Según Salazar, los terremotos en Venezuela y Colombia no están interconectados, sino que provienen de contextos tectónicos separados. Explica que en Venezuela, el temblor fue resultado de la interacción entre la placa Caribe y la placa Sudamericana, mientras que el fenómeno en Colombia fue causado por la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana.
Impacto de la profundidad del sismo
La profundidad de los sismos también fue un factor determinante en el nivel de destrucción. El sismo en Venezuela ocurrió a tan solo 10 kilómetros de profundidad, lo que provocó un daño extensivo en la infraestructura. En contraste, el terremoto colombiano se registró a más de 100 kilómetros de profundidad, lo que permitió que las ondas sísmicas se dispersaran, reduciendo el impacto concentrado en áreas específicas.
Falta de preparación ante desastres
La falta de un sistema de alerta sísmica en Venezuela y la desactivación de su red sismológica han sido críticas. La geóloga Salazar señala que las advertencias científicas sobre la actividad sísmica en la región no fueron suficientes para prevenir la tragedia, debido a un debilitamiento del sistema científico nacional. Esto culminó en un retraso de cuatro horas en el registro oficial del sismo, lo que evidencia un apagón informativo en un momento crítico.
La educación sísmica como clave para la prevención
Salazar también alerta sobre la creciente «analfabetización sísmica» en Venezuela, donde la educación en temas geológicos ha disminuido en el currículo escolar. La falta de conocimiento sobre la actividad sísmica ha llevado a que muchas personas desconozcan que su país es sísmicamente activo. La geóloga enfatiza que la educación es fundamental para la prevención de tragedias relacionadas con terremotos.
Riesgo sísmico en Europa
A pesar de la aparente estabilidad de Europa, Salazar advierte que la región no está exenta de riesgos sísmicos. Destaca que las cadenas montañosas, como los Pirineos, son tectónicamente activas y que el Mediterráneo presenta una actividad sísmica considerable. Recuerda que recientemente se registró un sismo en el sur de España, lo que resalta la necesidad de estar preparados ante posibles desastres geológicos.
Finalmente, Salazar concluye que la tragedia de un sismo depende de la educación, la conducta de la población y la infraestructura disponible. Insta a que las ciencias sean consideradas en la formulación de políticas públicas para reducir la vulnerabilidad ante eventos sísmicos y evitar que se conviertan en tragedias.
Según informó un medio especializado, la falta de un sistema de cooperación regional en materia sísmica agrava la situación, ya que cada país opera de manera independiente sin una coordinación efectiva.
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