En un contexto donde miles de jóvenes publican en redes sociales sobre viajes y actividades recreativas, Marta González, una monja benedictina de clausura, presenta un estilo de vida completamente diferente. A sus 29 años, vive en el Monasterio de Santa Cruz, en Sahagún, León, donde sus días se dedican a la oración, el trabajo, el estudio y el silencio.
Vida monástica y presencia en redes sociales
En España, hay aproximadamente 14.500 monjas de clausura en diversos monasterios, pero pocas alcanzan la visibilidad pública de sor Marta, quien cuenta con más de 125.000 suscriptores en YouTube y 219.000 seguidores en Instagram. A través de estas plataformas, comparte aspectos de su vida monástica de manera natural.
Desde que ingresó al monasterio hace once años, Marta ha seguido la Regla de San Benito, que establece principios de estabilidad, obediencia y conversión de vida. Su vocación surgió a los 16 años, y aunque fue un camino que sorprendió a su familia, sus padres la apoyaron. “Si era lo que a mí me hacía feliz, me acompañaban en el proceso”, recuerda.
Reflexiones sobre la juventud y la espiritualidad
La interacción de sor Marta en redes sociales le permite conectar con jóvenes en busca de referencias espirituales. Sin embargo, esta exposición también la lleva a comparaciones con sus contemporáneas que llevan estilos de vida más convencionales. “Veo a las chicas de mi edad que tienen novio, salen de fiesta y no puedo evitar pensar que son ellas las que se están perdiendo la estabilidad espiritual que tenemos nosotras”, afirma.
A pesar de la posibilidad de que su estilo de vida no sea adecuado para todos, Marta considera que muchas personas podrían beneficiarse de un tiempo de reflexión y conexión espiritual. “Recomendaría un momento de silencio, de conexión con Dios… pararse cada día”, sugiere, y menciona la opción de convivir en el monasterio durante unos días para conocer esta realidad de primera mano.
El poder del silencio y la soledad
Uno de los aspectos más sorprendentes de la vida en clausura es la habilidad de vivir en silencio, algo que contrasta con la búsqueda constante de compañía y ocupación en la sociedad actual. Marta observa que muchas personas recurren a distracciones como podcasts o redes sociales para evitar confrontar sus pensamientos. “No sabemos estar con nosotros mismos. Deberíamos aprender a vivir la soledad que está habitada porque es un espacio personal, un templo”, explica.
Aunque reconoce que adaptarse a esta vida de silencio puede ser un desafío inicial, asegura que el proceso vale la pena. “Luego vas descubriendo que es un espacio personal, es como un templo. Al final disfrutas de estar a solas, no por aislarte, sino por saber convivir contigo”, concluye sor Marta.
Según informó un medio, su enfoque sobre la vida monástica y espiritual ha resonado en muchos jóvenes que buscan un sentido más profundo en sus vidas.



