El 5 de abril de 1921, un empleado de la Real Armería de Madrid se encontró con un panorama desolador al descubrir que una vitrina había sido destrozada y un valioso tesoro había desaparecido. Entre las piezas robadas se encontraba la famosa corona de Suintila, un objeto de orfebrería de la Edad de Bronce que había sido hallado en Guadamur en 1858 y que se conservaba en el Palacio Real. Este robo, realizado a plena luz del día y sin alarmas ni cámaras de seguridad, se completó en apenas cuatro minutos.
Detalles del tesoro perdido
La corona de Suintila, decorada con oro y piedras preciosas, era la pieza más destacada del tesoro visigodo. En su superficie, una inscripción en letras colgantes decía: ‘Suinthilanus Rex Offeret’, similar a la de la corona de Recesvinto que se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional. Junto a esta corona, los ladrones se llevaron otros florones de oro y gemas, un fragmento de otra corona y 16 piedras preciosas de diferentes tamaños. Se cree que el ladrón, al ser voluminosa, pudo haber aplastado la corona para ocultarla. En el lugar del robo quedaron algunos restos de oro y una perla rota.
Investigaciones infructuosas
Tras el robo, la policía fue alertada y el comisario Maqueda inició una serie de registros en casas de empeño, platerías y tiendas de antigüedades, además de solicitar huellas digitales del lugar del crimen. Sin embargo, las pesquisas no lograron avanzar de manera significativa. Se sospechó de un joven de unos 25 años que había estado en el museo poco antes del robo, pero la investigación no condujo a resultados concretos.
Opiniones sobre la seguridad en los museos
El periodista Luis Bello, en ‘La Esfera’, expresó su preocupación sobre el posible destino del tesoro, sugiriendo que el ladrón podría haber fundido las piezas para obtener dinero en efectivo. Esta posibilidad, que él consideraba la más probable, generaba inquietud ante el futuro de las joyas. Por su parte, el editor José Lázaro Galdiano apuntó a que los ladrones eran personas «cultas y ricas», y criticó las condiciones en las que se guardaban los tesoros en los museos, que consideraba inadecuadas.
Nuevos indicios cuatro años después
Cuatro años después del robo, el periódico ABC informó sobre nuevos desarrollos en la investigación. Un recluso de la Cárcel Modelo acusó a dos hombres de haber vendido las coronas a una mujer llamada Joaquina Marqués, quien negó las acusaciones. Según su testimonio, el prisionero y sus cómplices intentaron venderle las joyas, afirmando que habían cometido el robo con la ayuda de una mujer que las había escondido bajo su vestido. A pesar de este testimonio, las contradicciones en las declaraciones llevaron a que el juez no pudiera esclarecer el caso.
Así, a un siglo de aquel robo, el paradero del tesoro visigodo sigue siendo un misterio, y la historia del asalto a la Real Armería de Madrid permanece sin resolverse.
Según informó el medio ABC, las investigaciones continúan sin pistas claras sobre el destino de las joyas robadas.



