Un cambio de vida hacia la vocación religiosa
Estefanía, quien ha servido en el Ejército y en la Guardia Civil, está en camino de ingresar en un monasterio de clausura de la Orden de Santa Clara. A lo largo del mes de septiembre, dejará atrás su vida civil, incluyendo su vivienda y pertenencias, para dedicarse plenamente a su nueva misión espiritual.
Un recorrido personal y profesional
Antes de su encuentro con la fe, Estefanía había construido una carrera en el ámbito de la seguridad. Se formó en Derecho y, posteriormente, se unió a la Legión, sirviendo un año y medio en las Fuerzas Aéreas antes de entrar en la Guardia Civil. Sin embargo, su enfoque en la protección física de las personas dio un giro hacia una búsqueda más profunda de protección espiritual.
La experiencia que marcó un cambio
El proceso de conversión de Estefanía comenzó hace un par de años durante el velorio de una amiga de la Legión, quien falleció tras dar a luz. La presencia de numerosos religiosos y la atmósfera de oración la impactaron profundamente. «No había dolor», recuerda, observando la comunión espiritual entre los asistentes. Esta experiencia la llevó a reflexionar sobre su vida y su propósito.
El camino hacia la fe
El interés de Estefanía por la espiritualidad creció, llevando a su participación regular en misa y catequesis. Aunque no fue una decisión repentina, su conexión con la fe la llevó a matricularse en Ciencias Religiosas en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, donde buscaba profundizar en su relación con Dios.
Dudas y decisiones difíciles
A medida que su vocación se clarificaba, también surgieron dilemas personales. Estefanía mantenía una relación sentimental estable, y la posibilidad de convertirse en monja implicaba dejar a su pareja. «Fue muy difícil, porque me resistía a dejar aquello», confiesa. Además, la renuncia a su carrera profesional también planteaba desafíos significativos, ya que deseaba mantener todos los aspectos de su vida.
Una revelación en la oración
Un momento decisivo ocurrió tras una misa, cuando Estefanía sintió el deseo de permanecer en la iglesia para orar. «Empecé a pensar ‘¿y si duermo aquí?'», recuerda. Esta experiencia la llevó a buscar dirección espiritual, donde un sacerdote la animó a explorar la vida contemplativa y a discernir su verdadera vocación.
Un año y medio de discernimiento
Estefanía ha pasado un año y medio en un proceso de discernimiento más profundo, donde ha reafirmado su deseo de unirse a las clarisas. Pasó 15 días con ellas el verano pasado, y desde ese momento no ha tenido dudas sobre su elección. Aunque ha explorado otras órdenes religiosas, siente que su lugar está con las clarisas.
La nueva misión espiritual
Al renunciar a su puesto en la Guardia Civil, Estefanía confía en que su nueva vida en el convento le brindará la satisfacción que no encontró en su carrera anterior. En sus reflexiones, destaca que la vida espiritual implica un «dejarse hacer», en contraste con la búsqueda activa de éxito que caracterizaba su vida profesional.
Un compromiso con el bien común
Estefanía concluye su testimonio enfatizando el papel de los consagrados en la sociedad. «Es una entrega para los demás», afirma, y compara su anterior labor de protección física con su nueva misión como «madrina espiritual», participando en una lucha más profunda entre el bien y el mal.
Según informó un medio local, Estefanía se prepara para un nuevo capítulo en su vida, marcado por un compromiso renovado con su fe y su deseo de servir a los demás.



