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Gabriel García Márquez y su relación con el viento de la tramontana en Cadaqués

Veranos en Cadaqués

Gabriel García Márquez, el célebre autor colombiano, disfrutó de varios veranos en Cadaqués, un pintoresco pueblo de la Costa Brava, durante su estancia en Barcelona entre 1967 y 1975. Era un refugio que compartía con su esposa, Mercedes Barcha, y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo. A pesar de la belleza del lugar, el autor encontraba los veranos complicados debido al turismo masivo, aunque lo que realmente le desagrada era el viento de la tramontana.

Un pueblo encantador, pero problemático

El escritor describía a Cadaqués como «uno de los pueblos más bellos de la Costa Brava y también el mejor conservado». Sin embargo, el acceso limitado a la localidad, a través de un complicado camino montañoso, no fue suficiente para frenar la llegada de turistas. En sus palabras, «los turistas son como las hormigas», siempre encontrando la forma de llegar. García Márquez recordaba cómo, durante los meses de verano, el pueblo se convertía en un bullicioso crisol de visitantes europeos que competían por el espacio con los residentes y aquellos que habían adquirido propiedades antes de que los precios aumentaran.

La tramontana: miedo y misterio

En su relato titulado ‘La tramontana’, incluido en ‘Doce cuentos peregrinos’, el autor aborda su temor hacia este viento particular. Para él, la tramontana no solo era un fenómeno meteorológico, sino una fuente de inquietud personal. «Al cabo de dos días teníamos la impresión de que aquel viento pavoroso no era un fenómeno telúrico, sino un agravio personal que alguien estaba haciendo contra uno», relató el Nobel de Literatura, evidenciando un miedo que no tenía una base lógica.

Momentos de ocio y amistades en el pueblo

A pesar de sus temores, la vida de García Márquez en Cadaqués era en muchos aspectos placentera. Disfrutaba de largas conversaciones en el Marítim Bar, conocido por ser un punto de encuentro de la ‘gauche divine’, donde las tertulias se extendían mucho más allá del final de las tardes. También frecuentaba el Bar L’Hostal, donde se encontraba con figuras reconocidas como Mick Jagger y Salvador Dalí. Para él, la muerte significaba «no poder estar nunca más con los amigos», lo que reflejaba la importancia que otorgaba a sus relaciones personales.

El legado de la tramontana

La tramontana, un viento que ha permeado la cultura local, ha sido interpretada de diversas formas. Dalí la describía como un viento que «seca los cerebros y crea genios y locos por igual», una afirmación que resonaba con la visión de García Márquez. Este último consideraba que la tramontana podía llevar incluso a los perros al suicidio, destacando su influencia perturbadora.

El cuento de García Márquez surgió a raíz de una experiencia vivida en 1982, cuando un grupo de turistas suecos acosó a un joven cubano en el Boccaccio, intentando llevarlo a Cadaqués pese a su resistencia. A pesar de no regresar de forma habitual a la localidad tras su partida en 1975, la tramontana dejó una huella perdurable en su memoria. Otros, como el escritor Josep Pla, veían este viento de manera diferente, considerándolo una liberación y una fuente de belleza, un contraste notable con la perspectiva de García Márquez.

Según informó un medio, las experiencias del autor en Cadaqués y su relación con la tramontana revelan no solo sus miedos personales, sino también su profunda conexión con el paisaje y la cultura de la región.

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