A dos meses de las elecciones en Israel, la teoría de la conspiración en torno al ataque masivo de Hamás del 7 de octubre ha cobrado protagonismo en el debate político. La primera dama, Sara Netanyahu, levantó la controversia al insinuar en una entrevista que Yair Golan, ex número dos del Ejército y actual líder del partido Los Demócratas, tenía conocimiento previo del ataque y no compartió la información. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, intentó distanciarse de las declaraciones de su esposa, afirmando que su interpretación de los hechos es diferente. Sin embargo, también sugirió que, de haber sido despertado a primera hora de la mañana, podría haber tomado decisiones que hubieran evitado la invasión. Golan, por su parte, amenazó con presentar una demanda millonaria si Sara Netanyahu no se retracta de sus comentarios.
El periodista Ronen Bergman refutó la narrativa del primer ministro sobre la supuesta falta de información de los mandos de seguridad antes del ataque. Según un informe publicado en ‘Yediot Ahronoth’, la oficina del primer ministro recibió alertas sobre la situación en Gaza a partir de las 2:00 a.m. Bergman, colaborador de ‘The New York Times’, argumentó que el fallo se produjo en la gestión de la información dentro de la oficina de Netanyahu, donde los datos no llegaron a su destino adecuado.
Consecuencias del ataque y la respuesta del gobierno
El ataque del 7 de octubre dejó un saldo de 1.221 personas fallecidas en Israel, según cifras oficiales, mientras que alrededor de 251 rehenes fueron capturados por Hamás, incluidos ancianos y bebés. Desde entonces, Netanyahu ha llevado a cabo una reestructuración en la cúpula de seguridad, reemplazando a los líderes del Ejército, Shin Bet y Mossad, quienes reconocieron sus errores antes de dejar sus cargos. A pesar de las críticas, el primer ministro se presenta como una víctima de las fallas del sistema de seguridad y el contexto político actual.
Gadi Eisenkot, ex jefe del Ejército y líder del partido Yashar, también rechazó la teoría de la conspiración, afirmando que la oficina del primer ministro recibe informes de inteligencia de manera continua. Eisenkot, quien perdió a un hijo en combate en Gaza, instó a Netanyahu a reflexionar sobre su entorno de trabajo que le impidió recibir información crucial. Asimismo, criticó a los colaboradores del primer ministro por promover teorías conspirativas en un intento de justificar el fracaso más significativo desde la creación del Estado.
Protestas y demandas de investigación
Desde el ataque, las protestas en Israel han crecido, especialmente al cumplirse 1.000 días del suceso. Miles de ciudadanos han exigido una investigación independiente sobre los errores de seguridad del gobierno, con pancartas que denunciaban «1.000 días de abandono, negligencia y encubrimiento». A pesar de las demandas populares, Netanyahu propone establecer una comisión especial de investigación, la cual sería designada por políticos, una acción que contradice la normativa israelí que requiere que tales comisiones sean formadas por miembros elegidos por el presidente del Tribunal Supremo.
En el contexto de la guerra en Gaza, que ha dejado más de 73.000 muertos, incluidos 21.500 niños, la situación sigue siendo crítica. Según datos del Ministerio de Salud de Gaza, la destrucción de infraestructura civil es significativa, con el 90 por ciento de las viviendas afectadas y el control del 70 por ciento del territorio por parte del ejército israelí. Mientras tanto, la justicia internacional ha iniciado una investigación por genocidio relacionado con las acciones en la región.
Según informó ‘Yediot Ahronoth’, la polarización en torno a estos temas continúa marcando la agenda electoral en Israel.



