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Las amistades que hacen los monos con otras especies podrían explicar por qué los humanos tenemos mascotas

Investigación sobre relaciones interspecies

Un equipo internacional de investigadores, encabezado por la Universidad de Oxford, ha presentado un estudio que sugiere que la convivencia entre humanos y animales domésticos tiene raíces más antiguas de lo que se pensaba, y que no es exclusiva de la especie humana. La investigación, publicada en la revista Primates, es la primera revisión sistemática de las interacciones amistosas entre primates no humanos y otras especies, concluyendo en un análisis de 427 casos que involucran 88 especies de primates y 127 especies acompañantes, de las cuales 55 no pertenecen al orden de los primates.

Metodología del estudio

Para construir este extenso archivo, los autores combinaron tres fuentes de información: 303 casos documentados en literatura científica, 58 obtenidos de fotografías y vídeos en diversos medios y redes sociales, y 66 dados a conocer a través de una encuesta realizada a 37 primatólogos de distintas partes del mundo.

Cantos de interacciones inusuales

El catálogo resultante contiene ejemplos sorprendentes de interacciones entre especies. Entre ellos se encuentran macacos rabones acicalando a un perro en un templo en Tailandia, langures grises acariciando a una ardilla gigante en el Parque Nacional de Yala, y crías de mono de nariz chata jugando sobre un cerdo en China. Las actividades más comunes observadas fueron el juego, con 139 casos documentados, y el acicalamiento, que se registró en 136 ocasiones. Además, se observó que los jóvenes son los más propensos a jugar con otros animales, mientras que las hembras adultas tienden a acicalar.

Patrones de interacción

La relación más documentada en libertad corresponde a la de los capuchinos de cara blanca con los monos araña de manos negras en Costa Rica, con un total de 19 registros. Otras interacciones notables incluyen macacos japoneses con ciervos sika y chimpancés con cercopitecos de cola roja, cada uno con varios casos registrados. A menudo, las interacciones entre especies diferentes no parecen responder a una necesidad práctica, como la búsqueda de alimento o vigilancia ante depredadores, sino que son actos de juego, acicalamiento y compañía sin beneficios evidentes.

Iniciativa de los primates

En 219 de los casos analizados, se pudo identificar quién iniciaba la interacción; en dos de cada tres ocasiones, fue el primate quien dio el primer paso. La mayoría de los encuentros se produjeron en entornos naturales, con 310 registros en libertad frente a 110 en cautiverio.

Implicaciones de los hallazgos

Cyril C. Grueter, profesor asociado de la Escuela de Antropología y Etnografía de Museos de la Universidad de Oxford y autor principal del estudio, señala que los humanos han sido considerados durante mucho tiempo como los únicos capaces de formar vínculos estrechos con otras especies. Sin embargo, los hallazgos indican que muchos primates también manifiestan curiosidad, tolerancia y cuidado hacia animales ajenos a su especie.

Interacciones complejas y adopciones

El estudio también documenta casos de adopción, como la de un grupo de capuchinos en Brasil que cuidó a una cría de tití común durante al menos diez meses, con la intervención de dos «madres». A pesar de las interacciones positivas, el estudio también registró 26 casos de interacciones abusivas y 13 incidentes fatales, incluyendo la muerte de varios animales debido a interacciones demasiado bruscas.

Conclusiones sobre la relación humano-animal

Los autores del estudio advierten que estas interacciones no son equivalentes a tener una mascota, ya que generalmente son breves y no implican una compañía duradera. Sin embargo, consideran que estas conductas podrían ser algunos de los «ladrillos evolutivos» que dieron forma a la relación entre humanos y animales. Grueter sugiere que entender por qué ciertas especies establecen relaciones positivas con otras puede ser útil para mejorar la gestión de grupos mixtos en zoológicos y santuarios, y aboga por el establecimiento de protocolos para registrar estos comportamientos en investigaciones de campo.

Según informó la Universidad de Oxford, este estudio proporciona una nueva perspectiva sobre las relaciones interspecies y sugiere que la conexión entre humanos y mascotas podría tener un trasfondo evolutivo más complejo de lo que se había estimado anteriormente.

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