Antecedentes de violencia
Dámaso Fernández, un agente de la Guardia Civil, se trasladó desde la Comandancia de Zamora a la Casa Cuartel de Llanes con la intención de poner fin a su relación violenta con Laura, su exmujer y también miembro activo del cuerpo. Fuentes del Instituto Armado han indicado que este acto no fue impulsivo, sino que estaba previsto, señalando que su última aparición en la Comandancia se produjo el lunes antes del crimen.
Situación personal y profesional
El comportamiento de Fernández fue descrito como el de un «buen compañero» y «gran profesional», aunque era considerado reservado en su vida personal. El pasado viernes, se reunió con su abogado en un momento crucial, ya que había recibido una condena firme por violencia de género y enfrentaba un expediente disciplinario que podría llevar a su expulsión del cuerpo. La relación con sus tres hijos era prácticamente inexistente, ya que judicialmente se había decidido que no los vería desde hace siete años.
El incidente que marcó su vida
La historia de violencia se remonta a hace una década, cuando Fernández agredió a Laura en la misma Casa Cuartel donde vivían con sus hijos. Este episodio culminó en su arresto por parte de sus propios compañeros, quienes lo encontraron intentando acceder a un arma en su coche. Tras esa detención, Laura fue incluida en el Sistema VioGén como víctima de alto riesgo, y se impuso a Fernández una orden de alejamiento.
Consecuencias legales y emocionales
El incidente provocó la ruptura definitiva de la pareja. Fernández había sido condenado a un año y ocho meses de prisión por lesiones y coacciones, aunque la pena fue suspendida. Esta condena incluía la prohibición de tenencia de armas y limitaciones en su relación con sus hijos. A pesar de haber adoptado un perro, Donald, como compañero, su vida personal seguía marcada por la obsesión por su exmujer y conflictos con su nueva pareja.
El desenlace trágico
A pesar de que Fernández había formado una nueva relación, su comportamiento seguía siendo problemático, incluyendo un incidente donde insultó a la pareja actual de Laura, otro agente de la Guardia Civil. Finalmente, el ciclo de violencia culminó en un trágico desenlace cuando Fernández asesinó a Laura, dejando al descubierto la gravedad de su historial de violencia de género.
Según informó EL ESPAÑOL, este caso pone de relieve la complejidad de las relaciones entre los agentes de la Guardia Civil y las repercusiones que la violencia de género puede tener en el entorno laboral y familiar.



